Inspirado en dibujos de espontaneidad controlada, sus creaciones a menudo ceden a formas más etéreas y livianas, permitiendo al observador apreciarlas visualmente y atravesarlas con la mirada. Cárdenas transforma la naturaleza rígida de sus materiales, logrando que lo pesado parezca liviano, lo áspero adquiera suavidad y lo estático se transforme en un movimiento orgánico.
Al incorporar manguera de poliuretano y zuncho plástico, sus obras alcanzan un mayor grado de liviandad y transparencia, evocando elementos orgánicos como nidos de aves, nubes o manglares. La naturaleza ha sido siempre el hilo conductor de sus reflexiones artísticas, aunque cierta voluntad figurativa se entreteje con su gusto por la abstracción.
Sus obras, mayormente estructuras abiertas, despiertan la curiosidad sobre su contenido, estimulando la imaginación con posibilidades infinitas. La distribución aparentemente aleatoria de módulos rectangulares crea espacios donde la luz y las sombras se complementan, extendiéndose horizontal y verticalmente, proporcionando la sensación de un crecimiento infinito.
En sus propias palabras, Cárdenas busca representar la forma en que los impresionistas pintaban: con acción libre y espontánea. Su proceso creativo, impulsado por piezas de diversos colores, formas y tamaños, le permite crear esculturas de manera instintiva, dando vida a un diálogo visual que evoca la libertad y la fluidez del arte impresionista.









