A los dieciséis años, ingresó a la Academia de San Alejandro en La Habana, donde recibió una educación formal en artes plásticas. Durante sus años de formación, tuvo la oportunidad de explorar diferentes estilos y técnicas, lo que le permitió perfeccionar su dominio del dibujo y la pintura. A mediados de la década de 1970, Larraz se estableció en Nueva York, donde su carrera artística alcanzó nuevos horizontes. Su estilo se caracterizó por la combinación de elementos realistas y surrealistas en composiciones intrigantes y narrativas. Sus pinturas reflejan una profunda observación de la condición humana, explorando temas como la soledad, la ironía y la crítica social. La técnica distintiva de Larraz se caracteriza por su atención meticulosa al detalle y su dominio de la luz y el color. Sus pinturas suelen presentar una atmósfera etérea y una sensación de quietud, invitando al espectador a reflexionar sobre la complejidad de la existencia humana.

