Exhibición

Ángel Ricardo Ríos

Lugar :

Yaco Art Gallery Calle 53 Este, Obarrio Ciudad de Panamá, Panamá

Fechas:

Desde el 26 de febrero hasta el 16 de marzo de 2026

Artista:

La obra de Ángel Ricardo Ríos se sostiene en la acción constante del hacer. Más que definirse a partir de conceptos cerrados o de etapas claramente delimitadas, su práctica se articula a partir de la repetición diaria, del trabajo continuo y de una relación directa con el acto de pintar como ejercicio persistente. Nacido en Cuba en 1965 y radicado en México desde 1991, el artista ha desarrollado una trayectoria que atraviesa la pintura, el dibujo y la escultura, entendiendo estos lenguajes como parte de un mismo proceso: producir, insistir y permitir que la obra se construya sin anticipar resultados ni fijar direcciones únicas.

Formado en la Escuela Nacional de Artes Plásticas San Alejandro y en el Instituto Superior de Arte en La Habana, Ricardo Ríos cuenta con una base académica sólida que, lejos de imponer un método rígido, se transforma con el tiempo en una práctica cada vez más intuitiva. En su desarrollo actual, esa formación se filtra a través de la experiencia corporal, dando lugar a una dinámica en la que el aprendizaje ocurre por repetición y permanencia. El artista describe este mecanismo como una construcción de memoria muscular: repetir una acción hasta que el cuerpo reconoce un camino y lo recorre de manera casi involuntaria. En este sentido, la pintura no responde a una idea previa, sino que surge como consecuencia de una acción sostenida en el tiempo.

El gesto y el cuerpo ocupan un lugar fundamental en este proceso. Para Ricardo Ríos, la obra es el resultado físico de un movimiento, una manifestación directa del gesto. La pintura surge desde un lugar que no responde necesariamente al pensamiento consciente, sino a una energía más cercana a lo instintivo que al pensamiento racional. El cuerpo actúa como mediador entre la materia y la imagen, dejando huellas visibles del movimiento, del ritmo y de la intensidad del proceso. Pintar se convierte así en una forma de registrar el tiempo, la repetición y la acumulación de acciones, en la que cada capa conserva rastros de decisiones previas, desplazamientos y tensiones.

Las formas que emergen en su obra suelen remitir a lo orgánico sin afirmarse en una figuración específica. Cuerpo, naturaleza y abstracción no aparecen como campos separados, sino como un cuerpo continuo. En este contexto, la abstracción se entiende como lenguaje y poesía, más que como una decisión formal o estilística. El artista se sitúa en ese territorio donde las imágenes no buscan representar algo concreto, sino activar asociaciones abiertas. Los símbolos, en su trabajo, no son universales; adquieren sentido dentro de un contexto compartido, como construcciones culturales que funcionan para una comunidad determinada. Una flor, como señala el propio artista, simplemente es; no contiene un significado fijo, sino una función o presencia en el mundo.

Más que responder a categorías preestablecidas, el trabajo de Ricardo Ríos se sitúa en un espacio abierto, donde avanza sin reglas impuestas de antemano. Las decisiones formales surgen del contacto directo con la materia y no de la intención de delimitar o corregir el proceso. En este sentido, su obra se construye desde la continuidad y la insistencia, lo que permite que la pintura se desarrolle de manera fluida, sin jerarquías ni restricciones previas, y manteniendo una relación directa y constante con el gesto y el tiempo.

La experiencia del espectador se articula desde esa misma apertura. La obra no propone una lectura única ni dirige una interpretación específica, sino que habilita un espacio donde conviven sensaciones, asociaciones y reacciones diversas. Elementos como el placer, la incomodidad, el juicio o la atracción aparecen como posibilidades latentes, no como objetivos definidos. Al sostener una relación directa con las formas de expresión, la práctica de Ricardo Ríos invita a reconsiderar aquello que suele ser normalizado o domesticado y a reconocer el valor de una expresión que permanece cercana a su origen físico y sensible.

En el panorama del arte contemporáneo latinoamericano, la obra de Ángel Ricardo Ríos se caracteriza por su coherencia y continuidad a lo largo del tiempo. Su práctica no busca definirse a partir de etiquetas ni responder a expectativas externas, sino sostenerse en esa persistencia.  En ella, el cuerpo, el gesto y la materia funcionan como herramientas centrales para construir una experiencia artística abierta y profundamente material, donde la actividad constante se convierte en el eje principal del lenguaje visual y en el motor que impulsa toda su producción.

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