Su obra se caracteriza por una gran precisión anatómica y el uso de materiales como el bronce y la resina. Mathison suele fragmentar o reconstruir partes del cuerpo, no solo como un recurso estético, sino como una manera de reflexionar sobre la identidad, la memoria y las huellas que deja el paso del tiempo en la experiencia humana. Sus esculturas combinan realismo con una carga conceptual profunda.
A lo largo de su trayectoria ha expuesto en diferentes ciudades y ferias internacionales, con presencia en colecciones privadas y algunas instituciones. Desde 2018 reside en Madrid, donde mantiene su taller y continúa desarrollando una obra centrada en la figura humana como símbolo de transformación, vulnerabilidad y permanencia.




